Llega un momento en tu vida en que finalmente te das cuenta.
Cuando en el medio de todos tus miedos e insania te detienes de repente en tu camino y en algún lado tu voz interior grita:
¡Basta!
Basta de pelear y llorar y forcejear para mantenerte en ese lugar.
Entonces tu sollozo se apaga, te limpias las lágrimas y comienzas a mirar el mundo a través de nuevos ojos.
¡Esto es tu despertar!
Te das cuenta que llegó el tiempo de dejar de esperar y esperanzarse en los cambios, la felicidad, la seguridad o la protección que van a venir a tu encuentro alguna vez y durante este proceso, una sensación de serenidad nace de la aceptación.
Te despiertas a la realidad de que no eres perfecto, y que los demás tampoco lo son, que quizas no te vayan a apreciar o aprobar quien o que eres, y eso esta bien.
Aprendes que la gente no siempre dice lo que piensa o piensa lo que dice; y que no todos van a estar para ti y que no siempre se trata de ti.
Entonces aprendes a sostenerte por ti mismo y a cuidarte, y en el proceso nace la confianza.
Comienzas a aceptar a la gente como es, con sus defectos y debilidades, y en el proceso, una sensación de paz y contento nace del perdón.
Te das cuenta de que de la manera en que te ves a ti misma y al mundo que te rodea, es resultado de todos los mensajes y opiniones que implantaron en tu psiquis.
Aprendes a abrirte a nuevos mundos y puntos de vista.
Empiezas a redefinir y reestimar quien y que eres, y para que estas.
Aprendes la diferencia entre pretender y necesitar, y de a poco descartas doctrinas y principios que nunca deberías haber adoptado; y en el proceso, aprendes a confiar en tu propio conocimiento.
Aprendes que es dando que recibimos, que hay un poder y gloria en crear y contribuir; y dejas de maniobrar atravesando la vida como un mero consumidor.
Aprendes que principios como honestidad e integridad, no son ideales obsoletos de una era pasada, sino los cimientos que sostienen la fundación a partir de la que debes construir tu vida.
Aprendes que no lo sabes todo, que no es tu trabajo salvar al mundo.
Aprendes a distinguir entre culpabilidad y responsabilidad; y la importancia de poner límites y decir no.
Aprendes que la única cruz a cargar es la que elegiste llevar ,y que los mártires son quemados en la hoguera.
Entonces aprendes sobre el amor, el romántico y el familiar.
Aprendes como amar, cuanto dar en el amor, o cuando alejarte; y ya no proyectas tus necesidades en una relación.
Aprendes que estar solo no significa estar en soledad, y te miras al espejo y te das cuenta que tal vez nunca vas a ser perfecta pero eres tu misma.
Aprendes que sentir que tienes derechos esta bien, como lo esta querer y pedir por lo que queres.
Llegas a la conclusión de que mereces ser tratado con amor, cuidado, sensibilidad y respeto, y no vas a aceptar menos que eso.
Aprendes que tu cuerpo es tu templo. comienzas a cuidarlo y tratarlo con respeto, alimentándote de manera equilibrada, tomando mas agua y más tiempo para ejercitarte.
Aprendes que la fatiga disminuye el espíritu y puede crear duda y miedo, entonces tomas más tiempo para descansar.
Y, como la comida alimenta al cuerpo, reír alimenta tu alma, entonces tomas más tiempo para reír y jugar.
Aprendes que por cualquier objetivo que vale la pena alcanzar, vale la pena luchar, y que querer que algo suceda, hay que trabajar para su concreción.
Más importante, aprendes que para alcanzar el éxito necesitas dirección, disciplina y perseverancia.
Que no se puede hacer todo solo, y que está bien arriesgarse y pedir ayuda.
Aprendes que lo único que debes temer, es al miedo en si mismo. Atraviesa tus miedos porque sabes que puedes superar lo que suceda, y por que rendirse al miedo es rendirse a tu derecho de vivir la vida en tus propios términos.
Aprendes que vivir no siempre es justo, que no siempre obtendrás lo que piensas que mereces y a veces malas cosas les suceden a buenas personas.
Nadie te castiga o falla en responder tus plegarias. solo es la vida sucediendo.
Aprendes a lidiar con lo malo en su más primario estado: el Ego.
Que sentimientos negativos como rabia, envidia y resentimiento deben ser entendidos y redirigidos, o sofocarán tu vida, envenenando el universo que te rodea.
Aprendes a admitir tus equivocaciones, y a construir puentes, no paredes.
Aprendes a ser agradecido y a disfrutar de cosas que no tomamos en cuenta, cosas que millones de personas apenas si pueden soñar: la nevera llena, el agua potable, una cama tibia y blanda o una ducha caliente.
Lentamente, comienzas a tomar responsabilidad de ti mismo por ti mismo, y te prometes nunca traicionarte y nunca y luchar por tu corazon.
Entonces cuelgas un mensajero del viento afuera de tu ventana, para que cada vez que lo escuches te recuerde que sigas sonriendo, sigas creyendo y abierto a toda maravillosa posibilidad.
Finalmente, con coraje en tu corazón y la fe de tu lado, te pones de pie, respiras profundamente, y comienzas a diseñar la vida que queres vivir, de la mejor manera posible.
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