Esther un día se levantó de la cama con dudas y más dudas, se dio cuenta que se había enamorado de Silvia, se reconoce a sí misma como bisexual, siempre se ha movido por mundos heterosexuales.
Necesitaba encontrar a un ser que le moviese las fibras de dentro, alguien que le alentara y motivara a hacer cosas que antes no haría, pero por mucho que conocía chicos, ellos no le proporcionaban esa motivación que buscaba, hasta que llego a creer que el amor verdadero no existía.
Hasta que apareció Silvia en su vida, cuando la conoció en una biblioteca a la que va a mirar libros, ella estaba justo buscando un libro que yo entregaba y ahí empezó nuestra historia única.
Al principio era una amistad para conocernos, al tiempo me di cuenta que solo quería estar con ella, que se me aceleraba el corazón cuando la veía, esto me hizo dar muchas vueltas al tema, creía que eso no estaba bien, además sabía que ella era lesbiana, puesto que iba a concentraciones del orgullo y se notaba visiblemente en sociedad.
Algo me hacía quedarme a su lado, las dudas inundaban mi cabeza, la necesidad de estar con ella tenía más fuerza.
Sentía ganas de abrazarla, de quererla mucho, nos íbamos a tomar café, hablamos sobre todo, hasta que un día, paso lo inevitable, le confesé mi amor, ella se quedó extrañada, no entendía nada, ni siquiera se había dado cuenta que me había enamorado locamente de ella.
Estuve días sin saber de ella, hasta que un día se acercó otra vez, dándonos la oportunidad de comenzar algo que era mezcla de amistad y amor, sin embargo me entere por otras personas que le habían hecho daño antes, que le habían traicionado, yo no le di mayor importancia, al fin y cabo, que me importaba a mí su pasado.
Pero eso empezó a preocuparme cuando empezaron las desconfianzas se hicieron nuestra rutina, pensaba que la volverían a engañar, yo hacía lo imposible por demostrarle lo importante que era en mi vida.
Empezó a cambiar conmigo, a pesar de que yo siempre estaba atenta y cariñosa, hasta que pensé que era un error, deduciendo romper con ella, para ser solo amigas, sería lo mejor para ambas, porque no podía hacer nada para que confiara en mí, para que creyese en mi amor, ella por mucho que se decía mil veces a si misma que debía confiar, no podía, vaya más que un relación, era un tormento.
Ahora volvimos a ser amigas, sabemos que lo nuestro es imposible, pero ella me ha removido por dentro, fueron hermosos esos días, incluso hay días que la extraño como una piel extraña su delirio y otros que se hace una necesidad escuchar su voz con ese tono dulce que utilizaba en las noches de amor.
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